miércoles, 8 de septiembre de 2010

Día internacional de la alfabetización.

No suelo tocar estos temas a menos que sea necesario.
Hoy es un día importante pues en el mundo se tiene que recordar que no todas las personas están en condición de equidad en el ámbito social. La adquisición de lecto-escritura es motor fundamental para que una persona pueda tomar decisiones importantes en su vida, desafortunadamente no todos tienen la posibilidad de conocer los códigos escritos por la simple y sencilla razón de que nadie se ha preocupado por enseñárselos.
Muchos de los llamados analfabetas son viejos, cuyos últimos deseos, son los de aprender a leer sólo para saber qué dice en la Biblia, descifrar un misal, o saber lo qué hay en alguna carta que les llegó hace años y jamás han podido descifrar por ellos mismos. Otros son jóvenes, cuyo derecho a leer y escribir se ha visto negado por una de las contradicciones más grandes de nuestra constitución: la que afirma que todos tenemos derecho a acceder a una educación pública, gratuita y de calidad.
En días como este me siento feliz de haber aprendido a escribir y leer, ahora formar parte de aquellos que tiene la posibilidad de enseñar a otros a adquirir esos conocimientos que les fueron negados en su momento.
Hoy, 8 de septiembre, hay que recordar que nunca es tarde para aprender y que aún hay muchas personas que no saben hacerlo. Espero que muchos otros se unan a la causa y contribuyan enseñando a otros, erradicando el analfabetismo.

lunes, 6 de septiembre de 2010

domingo, 5 de septiembre de 2010

Tu mejor amiga.

La tarde en que desapareciste te despedí
                                         –sin saberlo-
con un frenético bombardeo sobre tus caderas
y el firme propósito de una vida nueva
depositado en eso que tú llamabas amor.

No hubo compromisos ni promesas
pero sí un largo juego de labios
que me hizo creer que podía confiar en ti.

Días después
al enterarme de lo sucedido,
quise buscarte
y estrellarte contra el suelo.

¿Crees que me merecía aquello?
                                  –No así–

Prometí que te ibas a arrepentir y como un niño
aquella noche rompí todos los vidrios de tu casa.
Hoy sabes que fui el autor de semejante idiotez.
Durante veintidós días y veinticuatro noches,
espié tus salidas y llegadas a casa,
tus movimientos en la escuela y cada una de las reuniones
que tuviste con tus amigas.

Todo quedó registrado en papelitos con los que tapicé una pared.
Perdí el único trabajo que tenía
y que había conseguido gracias a tu ilusión de hacerme un hombre mejor.
Yo sólo tenía 18 años, tú estabas por cumplir 26.
Me invité a tu despedida de soltera y la noche de tu majestuosa boda,
mientras avanzabas al altar, me postré afuera de la iglesia
a brindar con Dios por tu infelicidad.

Cuando saliste del brazo de tu esposo no pude contener mi llanto.
Sólo ese pordiosero al que yo apodaba El Señor, tuvo la valentía
de prestarme su hombro para que pudiera llorar .
Durante treinta días y treinta noches derramé un diluvio de agua salada
que secó mi jardín.
Fue entonces que decidí buscarte a través de tu mejor amiga
para pedirle, para pedirte
                       –por fin–
la ansiada explicación.

Al revelarle detalladamente lo que deseaba
ella, sabiamente, supo sanar mi alma sirviendo como canal
para cerrar el círculo que había dejado abierto con tu cuerpo.

Hoy, que han pasado los años,
–ya tengo 32 años y tú debes haber entrado a los 40–
debes saber que le debes la vida a tu mejor amiga
la misma a la que le arrebataste el amor
la noche posterior al bombardeo de tus caderas.

sábado, 4 de septiembre de 2010

viernes, 3 de septiembre de 2010

¡Te van a jalar las patas Montiel!

Supe de la existencia de Germán Dehesa en la época en la que la radio me parecía mejor opción que la televisión (ahora las cosas han cambiado) y confieso que me ponía de buen humor escuchar sus pesimismos en torno a la realidad. Luego, apagué la radio y preferí la vida mundana: paseos en automóvil, cuyo dueño se veía obligado a “talonear” a quien se dejara para conseguir dinero y llenar a la mitad el taque de la gasolina (el aludido hoy es un empresario); raves con imbéciles que tenían aspiraciones a nenes bien (ninguno de ellos lo logró); sexo imaginario con mujeres que ni siquiera volteaban a verme, y principalmente, una vida asceta y privada de todo acercamiento con las letras. Fue un año sabático en el que me olvidé de la radio, la televisión y en el que el mundo se abrió como una oportunidad para cultivar otras facetas de mi vida que ahora nombran sesudamente bajo el apelativo “ninis”.
     En esas andanzas, recuerdo mi segundo encuentro con el señor Dehesa y fue en el cine, en la película Cilantro y perejil, de la que sólo recuerdo ¡a Germán Dehesa y no más! Sin embargo, de ahí en adelante mi memoria registra perfectamente su nombre por dos cosas importantísimas y relevantes para el mundo. La primera tiene que ver con un ensayo precioso en el que diserta en torno a “los Carlos” y que apareció en la revista Eje Central hace ya varios años. A la fecha no dejo de recordar ese texto que logró cautivarme como cuando escuchaba a su autor hablar de políticos, señoras en camionetas, intelectuales y en general, de la fauna chilanga que da color a nuestra ciudad. El segundo aspecto tiene que ver con un reclamo que comenzó a hacer a las autoridades debido a su pobre trabajo (si es que así puede llamársele a cobrar un sueldo por echar por la borda a este país) y que coronaba con la pregunta: “¿Cómo pueden dormir tranquilos si no han realizado su trabajo?” La cual, en los últimos años estuvo dedicada a Arturo Montiel Rojas, ex gobernador del Estado de México (pónganse de pie, chingaú)  y a la cual no hay que pensarle mucho para responderse el por qué.
     El caso es que Germán de esa es de esos tipos a los que reconozco no leí mucho pero contrariamente no dejé de seguir pues siempre había alguien que lo citara como referente en las charlas. A él mismo, le debo la autoría de una frase que apenas en días pasados subí de forma tergiversada a Facebook y en la que afirmó que “una señora en camioneta frente a una escuela es más peligrosa que un comando de narcos”. Así era el señor Dehesa, sesudo, inteligente y creo hasta simplón, cada uno tendrá su opinión y como suele ocurrir en casos como este día donde las posiciones se contraponen: la mayoría dirá que fue un chingón, un dechado de dones que sólo Dios le pudo dar, una buena persona, un gran autor y demás; para otros, no valdrá un comino; lo cierto es que yo puedo decir que Germán de esa fue uno de esos tipos que siempre, en todas las ocasiones que supe de él, tuvo el buen tino de ponerme de buen humor y eso por eso siempre podré bien recordarlo. Descanse en paz y que desde donde le toque estar se dé una escapada para venirle a jalar las patas al Señor Montiel.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Otra noche de insomnio

Sabes bien a lo que vengo, es lo mismo de todas las noches cuando no puedo dormir.

Me gusta que te quites la ropa y me dejes morbosear en tu cuerpo.
¡Maldita insatisfacción!
Déjame husmear en tu intimidad unos instantes. Efímero placer morboso que me deja un nuevo vacío.
Me estoy acostumbrando a que no me digas no.
Todo es tan fácil.
(...)
Apenas apagues la cámara te eliminaré de mis contactos.
Buscaré a alguien que tenga mayor imaginación.