miércoles, 3 de noviembre de 2010

sábado, 30 de octubre de 2010

viernes, 29 de octubre de 2010

De la moda y la fe.

Mi abuelita, que ya lo he resaltado en ocasiones anteriores, era sabia y santa, decía que las cosas de la fe no podían dejar de pensarse pues eran en sí mismas un verdadero misterio. Tenía razón.
Me encontraba sentado en la banca de un parque disfrutando de una lectura sustanciosa cuando repentinamente aparecieron un par de jóvenes de singular aspecto, cargando un enorme muñeco, y a la voz de: “una limosna pa’l santo”, lograron llevarme del azoro al pavor porque me imaginé que se trataba de una nueva forma de violencia dirigida a quienes nos hemos reconocido abiertamente como agnósticos.
Ingenuo y curioso, como suelo ser, me atreví a preguntar el motivo que los orillaba a cargar semejante muñecote y si acaso la figurilla de acción formaba parte de esa ridícula tradición escolar de llevar a todos lados un huevo con una carita pintada con plumón, un pez beta, un troll o un muñeco Elmo para jugar a las responsabilidades, pero al parecer mi pregunta no estuvo debidamente formulada, o los sujetos nunca habían asistido a la escuela, porque únicamente me miraron fijamente y preguntaron si les iba a dar o no dinero para el santo. Sintiéndome muy gracioso les pregunté si el santo no era aquel personaje entrañable de máscara plateada y como única respuesta uno de ellos me mandó directamente a la chingada. Los jóvenes se alejaron a seguir pidiendo dinero y como apunte curioso es menester resaltar que la mayoría de la gente les depositaba alguna moneda en el tortillero.
El suceso, que en otras condiciones me hubiera valido madre, me movió a investigar el fenómeno y tras una breve pero sustanciosa investigación de campo que integró a algunos actores involucrados de forma directa con este fenómeno (denominados por la fe como devotos), encontré que lo anterior es una manda que se realiza para agradecer a San Judas Tadeo, patrón de las causas perdidas. Como en este país todo valió madre desde hace mucho, supongo que este señor Judas tiene muchos adeptos y por ello es que cada día 28 vemos hordas de gente, principalmente jóvenes, cargando efigies que demuestran abiertamente su esperanza a que un día todo mejorará.
Sin embargo, el problema de la religión, la fe y las mandas está en pedir dinero porque éstas degeneran en negocios que resultan redituables y se convierten en eso: meros negocios o pretextos para el despilfarro. Veamos. Resulta que ayer 28 de octubre, día en que se festeja a San Judas Tadeo en la iglesia de San Hipólito, encontré con que un montón de gente acude a dicho templo del mismo modo en que hace años las hordas de acarreados acudían a los mítines del PRI por tortas de huevo y Bonafinas caducadas. A diferencia de los segundos, los devotos del santo han ido aumentando en los últimos años y para demostrar su fe, además de acudir al templo, realizan acciones variopintas entre las que se destacan las siguientes:
a) Acuden al templo en peregrinaciones que a decir verdad son verdaderos carnavales porque muchos de ellos van en completo estado de ebriedad y otros tantos van drogados. Vale decir que el culto a San Judas es nutrido por una buena cantidad de jóvenes cuyo argumento reside en “querer cambiar su vida”. Lo curioso es que cada 28 de mes, y principalmente, cada 28 de octubre se les puede ver hasta las manitas haciendo el ridículo en los límites del templo.
b) Otro acto que llama la atención es la fijación de pasear una efigie por doquier y en algunos casos pedir dinero para “su misa”. Lo anterior me llena de dudas pues mi abuela, que sí tenía palancas con este santo, cuando quería salvar mi ciclo escolar (esa sí era una causa perdida), sólo tenía que tomarme por la oreja, llevarme hasta la iglesia, pararme frente al santo y mientras encendía una veladora me obligaba a pedirle que me hiciera niño bueno y que me quitara lo burro. Luego, me regresaba a casa y me ponía a estudiar. Curiosamente el milagrón siempre le dio resultado.
c) Una tercera curiosidad de estos feligreses consiste en pararse en las puertas del templo a regalar papelitos enrollados y en cuyo interior siempre está pegada una moneda de 10 o 20 centavos (¿por qué no pegan las de 2 y 5 pesos que la gente les pone en sus tortilleros?), pero que a cambio amenaza con pudrirte el alma, enviarte al infierno o darte siete años de mala suerte si haces caso omiso a seguir con esa cadena de buenos deseos. Como nunca he hecho caso a esas mamadencias, seguramente tengo varios milenios acumulados de mala suerte que derivan la decepción de mis fans cuando me conocen, mi incapacidad para amar, mi pobreza extrema y mi inutilidad para tener trabajos de éxito.
Lo siento mucho pero si las anteriores expresiones son muestras de fe, me declaro incompetente para tomar en serio a quienes en una siguiente ocasión se atrevan a pedirme dinero bajo el pretexto de una misa o una manda, por lo que me veré en la necesidad de mandarlos directito a freír espárragos.
Desafortunadamente esto de la fe es cosa misteriosa y siempre dará mucho de qué hablar, situación que la vuelve aún más complicada; si a esto le aunamos las modas que se infiltran y cuyos reductos me resultan sospechosos, la cosa se pone muy grave. Sólo espero que esta moda pase pronto y que los verdaderos devotos de cualquier santo dejen de lado las ridiculeces y pronto le devuelvan el matiz a sus creencias. Amén.

Nota: este texto no pretende denostar la fe que mucha gente tiene hacia sus santos, en cambio sí quiero advertir que no estoy de acuerdo en las expresiones que una gran mayoría está enalteciendo en nombre de un santo, y que son las que desafortunadamente más se notan en los últimos años. A los viejitos y jóvenes que no necesitan de ridiculeces para creer, mi más profundo respeto.

miércoles, 27 de octubre de 2010

La chica Elástica. (Bitácora del orgasmo, noviembre de 2009)



Está claro que la gente normal no enciende el televisor con el propósito de enamorarse, aunque siempre hay excepciones. He conocido sujetos cuya única capacidad de enamoramiento se encuentra reducida a mujeres como Vilma Picapiedra, Bety Mármol o Marge Simpson, lo cual los hace candidatos directos a recibir apoyo psiquiátrico; otros gustan de amar a mujeres tan inalcanzables, por su condición de cadáveres, como Marilyn Monroe o Dolores el Río, mientras que una tercera categoría (los considerados más sanos), se enamoran de mujeres del tipo de Ninel Conde, Mariana Seoane o Salma Hayek. Si siguiéramos por esta línea, no dudo que la clasificación se extendería tanto que podríamos lograr una tesis digna para alcanzar un doctorado en apendejamiento humano pero como no es el caso, me parece que es menester incluirme en estas parafilias con un ejemplo digno y único.
Aquí mi caso.

Todo ocurrió un sábado por la mañana cuando me disponía a realizar las labores propias de mi sexo, lo que sea que eso signifique. Por algún motivo, sólo explicable por el tarot egipcio, decidí encender el televisor justo cuando una chica enmascarada tomaba el micrófono para disertar sobre la importancia de sus caderas en movimiento y el efecto hipnótico que esto provocaba en miles de púberes que asisten a los conciertos del grupo de surf llamado Los Elásticos. Durante el tiempo que duró la entrevista me fue imposible apartar la mirada de la chica enmascarada, de moldear su cuerpo en la imaginación y principalmente, de encontrarme con su mirada chispeante. Al regresar a la realidad me sentí como un imbécil pero aun así guardé la agradable sensación que me había dejado su sensual e inocente estampa. Reconozco que me fue imposible sacarla de mi pensamiento y como suelo conducirme en estos casos de duda existencial, me refugié en las profundidades de la red con la finalidad de indagar más acerca de ella, de quien descubrí cosas tan fascinantes como el color de sus ojos, la talla de su brasier, e incluso, una legión de cuatro chicas que replicaban sitios en redes sociales utilizando su nombre de batalla: La Chica Elástica.

Con semejantes referencias y un mejor pretexto para acercarme a ella, indagué en aspectos más personales como su dirección electrónica y su nombre real. Tal vez les parezca increíble pero todo eso lo conseguí en un par de horas por lo que me atreví a enviarle un mail solicitándole una entrevista para mi columna de Palabras Malditas (lectores, santígüense). Transcurrieron menos de sesenta minutos para que ella me agregara al messenger y estableciera el primer contacto conmigo. Debo decir que ese primer encuentro resultó de pesadilla pues la mujer detrás de la máscara, se comportó de la forma más huraña que la historia pueda registrar, sin embargo, me saltaré ese pasaje para aterrizar en lo verdaderamente importante: nuestra relación.

Una vez sorteadas las confusiones y las desconfianzas, logré ganarme la simpatía de La Chica Elástica y con ello a una nueva amiga cuya presencia en mi vida apenas estaba por cumplir una semana. La relación se tornó tan amigable que le propuse nos conociéramos en persona, situación que se postergó debido a compromisos anodinos. Pero la mejor oportunidad llegó cuando Los Elásticos fueron confirmados para presentarse en un festival a unos cuantos kilómetros de distancia de mi casa. Durante una semana entera La Chica Elástica y un servidor trabamos los detalles para nuestro ansiado encuentro. Llegó el día y ya me disponía rendirle pleitesías cuando un problema de naturaleza idiota me impidió asistir al lugar donde se desarrollaría el festival. ¡Maldita mi suerte!

Con la promesa de no prolongar más la espera, preparamos un nuevo encuentro en la Feria del libro del Zócalo y en esa ocasión fue ella quien no pudo llegar debido a los compromisos que su vida sin máscara le acarrean. Con muchas tardes en el chat y llamadas telefónicas que reafirmaron un sentimiento mutuo, dispuse todo para no dejar pasar más el tiempo y conocerla en la vida real.

El amor, palabra perversa que carece de significado objetivo pero que reafirma sensaciones malsanas de tan agradables que resultan, se fue arraigando en algún lugar en mi interior al grado de arrancarme del mundo real para mantenerme flotando únicamente en el terreno de la imaginación. Los mensajes de texto y las llamadas esporádicas surtieron su efecto pero algo en la lejanía de nuestros cuerpos fue alargando las distancias hasta que el fuego casi se extinguió.

Una tarde lluviosa decidí hablarle con el firme objetivo de romper la barrera de lo virtual. Era necesario conocernos y estrecharnos los cuerpos, pero un perverso designio de los astros me había deparado una broma macabra desde su propia voz: “es que tengo tres meses viviendo con mi pareja” –dijo súbitamente–. Al regresar a casa, quise romper la televisión y con ello exorcizar el pasado aunque, al final, lo pensé bien y resolví conservar la televisión pues si la destrozaba, los viernes no me hallaría en la grandeza de mi cama, así que dejé el aparato en su lugar ya que después de todo, no tenía la culpa de que yo hubiera sido tan imbécil para enamorarme de alguien a quien había conocido en la TV.

Otras veces ya he hablado de la justicia divina pero en esta reviraré con la venganza del malévolo, quien acostumbra poner las cosas en su sitio. Tras unos meses de cobijo espiritual en las profundidades de los tables dances y sitios de esparcimiento sexual, recuperé las fuerzas para hablar de nuevo con La Chica Elástica. La sorpresa fue grata al enterarme que había colgado la máscara y que su vida amorosa parecía estar logrando claridad. Pactamos un nuevo encuentro hace un par de semanas y como podrán intuir, éste tampoco llegó debido a circunstancias oscuras.

Al momento de redactar este texto, platico vía Messenger con Paulina, la mujer que portaba una máscara cuando de La Chica Elástica me enamoré. Ahora caigo en la cuenta que nunca estuve enamorado de la go-go dancer y en cambio, mi energía libidinal se escurrió totalmente hacia la mujer que personificaba a la heroína de mentiras. Tengo claro que ella vive en pareja y que nuestras existencias van en direcciones opuestas, sin embargo, ella ha recalcado que me ama y eso es lo verdaderamente trascendente para mí. Lo único malo es que su dicho de amor sigue siendo como todo nuestro idilio: por vía del chat.

¿Karma o maldición? Ofrézcanme ustedes una respuesta, eso sí, inteligente y sin que en ella medien los prejuicios.

26 de octubre de 2009.

domingo, 24 de octubre de 2010

Existen canciones...

...que me recuerdan tanto a aquéllas que durante mucho tiempo se ganaron prenda a prenda cada peso de mi quincena.