viernes, 25 de febrero de 2011

El creador de monstruos.*

Estimado profesor:

Es difícil no conmoverse cuando al transcurrir el tiempo uno tiene el valor de mirarse al espejo y percatarse que la vida no ha sido tan injusta, si es que es posible compararla con la existencia de otros. Escribo lo anterior con un ejemplar de la máxima obra de Mary Shelley en la mano izquierda y un montón de recuerdos galopándome en la cabeza; evocaciones que hablan de mi mala educación adolescente y del momento en que el discurso contenido en El moderno Prometeo modificó mi visión particular sobre los procesos formativos, y la sensación de concebirme como un apestado entre el montón de caníbales que representaban el resto de los adolescentes con los que me tocó departir en el aula.
Frankenstein, la criatura, era por aquel tiempo una representación del horror que debido a una broma del destino, se convirtió -años después- en un referente personal para entender cómo se desarrolla el aprendizaje en contextos no favorables para quienes ejercen la docencia. En este sentido, si la educación ha sido, es y será siempre un tema generador de discusión y controversia, la maraña que se teje en torno a ella y sus actores facilitadores me lleva a pensar en las dificultades que se topan quienes por vocación sueñan con trasformar el mundo a través de una educación que forme gente creativa, propositiva y transformadora de su contexto; una visión romántica que fácilmente se viene abajo cuando llega el momento de internarse en la jungla de ambiente escolar, cuyos flancos, impiden desarrollar ese trabajo que en teoría, todos piensan como un asunto sencillo. Es por ello que me resulta increíble que a estas alturas exista gente que se empeña en educar con “el manual bajo el brazo” pero en dirección encontrada a la realidad, con lo que sólo se obtiene la reproducción de vicios y por tanto, múltiples errores que truncan el éxito de formar integralmente.
Tras este breve razonamiento pienso en los días en que tuve la oportunidad de compartir el salón de clases con usted desde la posición de alumno. Entonces me era difícil acatar algunas reglas de convivencia básicas para lograr la armonía escolar bajo la premisa de una rebeldía que se parecía mucho a la que hoy se pretende vender a los jóvenes a través de internet. Las cosas, temo afirmarlo, no han cambiado mucho: mi problema con la autoridad sigue latente pero a diferencia de esos días hoy he logrado canalizar esa sedición en algo muy parecido a lo que era usted como docente, es decir, a ser rebelde de hecho o ni de dicho.
Es momento que sepa que gracias a usted supe de qué se trata la rebeldía y mejor aún, entendí que existen formas para desarrollarla sin tener que lastimar a los demás. Los referentes que aprendí con su ejemplo fueron motor suficiente para llevar la desobediencia a un extremo donde pueden encontrarse discursos con propuestas y oportunidades para hacer que otros reproduzcan ideas de individualidad menos egoístas.
Mencioné a Frankenstein inicialmente porque la parábola de la criatura me ayudó a entender que los procesos formadores de seres sociales siempre se encuentran determinados por aquellos que, a fuerza de vocación, se empeñan por recorrer brechas terribles. La educación no es una carrera fácil cuando desde las trincheras política y económica, además de las exigencias sociales, se decretan responsabilidades que rebasan totalmente las expectativas de la gente y es ahí donde El moderno Prometeo se convirtió en una lección de vida y texto básico en mi labor como educador y formador.
Por todo lo anterior, quiero dejar patente mi admiración por usted y de igual modo, agradecer su papel de creador de monstruos que, escrito de otra forma, se traduce en la figura de un gran educador y formador singular. Por usted y los pocos que siguen su ejemplo negándose a abordar el barco de la demagogia educativa, es que el mundo sigue poblándose de criaturas que entendemos bien el significado de la praxis no como mero discurso teórico sino como una forma de rebeldía.
En reconocimiento a ese ejercicio que lleva un largo trecho quiero expresar mi más profunda admiración por usted y por cada uno de los locos que se empeñan en formar criaturas sabedoras del valor de la realidad.

A Alfonso Sánchez González.


* Este texto se público en la sección Cartas sin destino, de Emagazine, en el mes de mayo de 2010.

martes, 22 de febrero de 2011

La Cantina. Homenaje a José Alfredo Jiménez.

Hoy  me enteré que la revista Clarimonda ha seleccionado uno de mis poemas para el No. 26, titulado La Cantina. Homenaje a José Alfredo Jiménez. No es por nada pero deseaba estar en este número porque al único que le soporto las rancheras es justamente al gran Jose Alfredo.

"Cuatro caminos hay en mi vida,
cuál de los cuatro será el mejor.
Por donde quiera que voy te miro,
si ando con otra, por ti suspiro..."

Espero que hagan su pedido para importarla llegado el momento de su aparición porque esta revista se edita en Morelia, Michoacán.

sábado, 19 de febrero de 2011

Pobreza.

No estoy acostumbrado a los pérdidas porque mi transito en esta vida ha sido sin pertenencias. Tal vez por eso me duele saber que no estás mas aquí.

viernes, 18 de febrero de 2011

Mis palabras.

Son mis palabras como un ramo de rosas,
hermosas flores con espinas que cautivan
atrapan, enamoran; que en un descuido
hacen daño: hieren haciendo sangrar. Son
palabras traicioneras que se encajan como
dagas en el pecho. ¿Cómo pueden mutar
tanto si antes fueron caramelos? Con ellas
dibujo mundos raros, planetas imaginarios
en los que caben absurdos, imposibles en
los que estás tú. Solía divertirme tanto con
ellas. Me gustaba usarlas para hacerte réir,
para hacerte saber que me encontraba
contigo a pesar de la distancia. Pero mis
palabras son traicioneras, suelen mutarse
en sarcasmos, en agresiones sin sentido que
incomodan a la menor provocación. Siempre
ha sido así, no me justifico. Por mis palabras
vueltas sarcasmo he perdido a los pocos
amigos que nunca antes había tenido, a los
amores que no tuve que dejar escapar. Por
palabras insulsas hoy me siento deshecho
porque mientras más las repito me doy
cuenta que no estás y que es casi imposible
que vuelvas a estar. Tal vez mañana escriba
una carta, cobija de palabras que no podrás
leer pero que en resumen expresarán lo que
hoy siento: ¡lo siento!

miércoles, 16 de febrero de 2011

Demoliciones.

A veces la vida va tan bien que hace falta ponerle en su madre para retomar el rumbo. Supongo que no es lo ideal pero ¿cómo pueden evitarse esos pensamientos autodestructivos si hay algo que mueve a arruinarlo todo? Esa patología es tan propia de mí y siempre ha estado latente. Aún recuerdo a mis primeros amores, esos que nacen sin futuro, sin fuerza pero con mucha emoción; no bien había terminado de consolidarlos cuando ya los estaba derrumbando a fuerza de tonterías, con el dolor de las palabras, con el placer de las lágrimas ajenas. Lo mismo ocurría con los amigos, con los camaradas, incluso, con los cómplices que muchas veces sirven como la única tabla de salvación en momentos críticos. Por eso nunca tuve amigos como no los tengo ahora. He tocado fondo otras veces, he buscado ayuda, me la han dado pero hasta hoy nada ha mostrado resultados. Regresó esa extraña facilidad para echarlo todo a perder, la misma que me ha dejado solo otras veces y la misma que me tienen pidiendo ayuda nuevamente para no perder lo único valioso que me quedaba en los últimos tiempos. Probablemente esté loco y la esquizoparanoía que me diagnosticaron hace unos meses sea verdadadera, sólo que no sé que es esquizofrenia ni paranoía. ¿Alguien me puede ayudar? Claro, si se atreve a lidiar con un sujeto que acostumbra acabar con las cosas desde el momento mismo de concebirlas...

lunes, 14 de febrero de 2011

El amor se desnuda. Poemas eróticos y amorosos. Brigitte Meloche

debajo de mi amor
encontré pasión, mucha miel
el hombre no come la miel
sólo la mitad de mi sexo

Las palabras amorosas de una mujer pueden convertirse en una de las experiencias eróticas más fascinantes para un hombre, pero cuando estas palabras tienen la posibilidad de colocarse en la mano, la experiencia se vuelve enriquecedora. Las mujeres lo saben y por ello escriben, y cuando escriben, hacen poesía.

Brigitte Meloche sabe de ese poder y por ello no muestra empacho en usarlo. Sus palabras son igual sutiles que arrogantes; mimosas, cálidas y tiernas que temperamentales, pícaras y perversas; muchas veces melancólicas, casi tristes. Brigitte es poetisa, madre y eterna enamorada, tal vez por ello en sus poemas se palpa es híbrido de responsabilidad maternal y desenfreno sexual que en otras mujeres parece estar separado por una inquebrantable barrera.

mi amor es un fantasma
que viene, se va, vuelve, regresa
pero nunca duerme en la tierra
cuando acaricia mis nalgas
no pareciera fantasma
mis nalgas se levantan, se agitan
y abren sus brazos
pero acaban durmiendo solas
ellas también

Sin embargo, para esta autora es claro que cada poema es un instante esculpido en palabras, un capítulo de sus memorias que puede pasar con la máscara de sueños. No teme hablar del amor sin tapujos, convicción personal a la que ella se enfrenta y de la que tampoco sale bien librada.

el amor es un hijo de puta
de una puta que desconozco
la odio por habérmelo quitado

Poseedora de un oficio envidiable, cada poema de este libro es una invitación a promover orgasmos. A diferencia de otras poetisas, Brigitte no teme salirse de los ritos que hacen de la poesía algo formal y se da el gusto de pasear por los terrenos en que a muchos hombres nos gusta desenvolvernos.

un orgasmo contigo
es un vaivén sinuoso…

reventón en cada planeta

música
baile
alcohol
droga
sexo

contigo me gusta jugar con fuego

La autora ha publicado también Latinitudes, un poemario en fracés-español, editado por Éditions “Alondras”, en Montreal, en 2004. Su trabajo como traductora la ha hecho apasionarse con el idioma español, los pueblos latinoamericanos y su cultura. Brasil está en su mira y su mejor poema se ha encarnado en uno de sus hijos: un chamaco rebelde que de vez en cuando le tiene que marcar a su mamá y ella siempre estará presente.