jueves, 31 de marzo de 2011

miércoles, 30 de marzo de 2011

Quise escribirte un poema.

Anoche,
apesumbrado por tu fantasma
 quise escribirte un poema


¡No pude!

Ha volado mi imaginación,
no es tu culpa.

Mis letras se han instalado bajo otros vestidos,
se han acomodado en otras bragas
han sujetado otros senos.

Lo siento, no eres tú.

Anoche quise escribirte un poema.
Pero habías partido cuando encontré lápiz y papel.

lunes, 28 de marzo de 2011

Bebo y escribo para no dejarme morir.

Este es el poema publicado por la revista Clarimonda.
La Cantina. Homenaje a José Alfredo Jiménez. No. 26



domingo, 27 de marzo de 2011

El Noctis.

Lo imaginaba diferente: rudo, ojetísimo, mamón como cualquier editor cuyo nombre ya se corre de boca en boca por el underground. Sin embargo, al verlo, casi me dio ternura. Podría decir que es un niño: ameno, desgobernado al hablar, olvidadizo. No le importa haber estudiado Letras, de todos modos se le olvidan las palabras adecuadas en los momentos claves porque lo suyo es hacer revistas por su propia cuenta. Por fin conocí a Manuel Noctis, jefe de jefes de Clarimonda.
Nuestras primeras palabras fueron frente a un par de blanquísimas tetas (las de la chica que atiende la barra en el Real Under(ground) y dos cervezas. Se nos unió Ricardo Lugo de Los bastardos de la uva. El segundo, haciendo honor a su estilo de vida ya estaba pedo mientras que Noctis era el centro de las miradas de quienes nos acompañaron a la presentación de las revistas Clarimonda, Los bastardos de la uvaNación Alien, Logógrafo y Massiva, estas dos últimas en franco y ameno palomazo. Me costó trabajo robar su atención en ese primer contacto.
Pero después de la presentación tuve oportunidad de charlar con él y con el poeta Abel Rubén Romero y reafirmar que el primero es un tipazo, sabedor de lo que hace. Entre darks, punks, híbridos y "pendejos que ni al caso" (como un servidor) salimos por cigarrillos. Charlamos del mundillo cultural, de los editores de mierda, de los amiguismos, de las becas, de nuestros proyectos, de La Cantina y de no sé que tantas cosas más en apenas 40 minutos que a mí me parecieron 5.
A veces tímido y otras pedorreando a quien se lo merece, Noctis es una chavo inteligente y aferrado, como tienen que ser los que se dedican a las letras por cuenta propia.
Maestro, gracias por el encuentro.

jueves, 24 de marzo de 2011

Lucha libre: muerte o diversión. (Palabras Malditas, febrero de 2007)

Seguramente has escuchado que la lucha libre es falsa, que los gladiadores no se pegan en realidad, que la sangre que les escurre sale de unas capsulitas que guardan bajo el calzón y que las rutinas que vemos son coreografías practicadas con anterioridad. Con éstas y otras aseveraciones, se ha querido restar méritos a un deporte sin igual con el que nuestro país es reconocido en todo el mundo.
Por años he sostenido largas discusiones con amigos y familiares debido a que ellos creen que cualquiera puede ser luchador. "¿Qué chiste tiene vestirse con los calzones arriba de las mallas, colocarse una máscara y echar maromas sobre un cuadrilátero? -me dijo alguna vez uno de mis tíos mientras veíamos las luchas por la televisión. Y es que en nuestro país (al igual que en muchas partes del mundo), la lucha libre es un deporte que ha sido alcanzado por las garras de la televisión situación que, al tiempo de ayudarle a extender sus alcances, también ha contribuido a su detrimento ya que las empresas tienen que volver más atractivo el espectáculo dejando de lado lo concerniente al deporte. En este sentido me pregunto ¿es exclusivamente la lucha libre un deporte del que debemos cuestionar su autenticidad y veracidad? Personalmente cuestionaría cien veces más a deportes como el béisbol o al fútbol soccer, donde el dinero ha terminado por contaminar totalmente estos deportes.
En la lucha libre existen diferentes empresas cuyos estilos se ven reflejados en el espectáculo que ofrecen a un público muy heterogéneo. Es en esta percepción donde nace la buena impresión sobre este deporte, o donde, bien, acaban ridiculizando a los personajes y reduciendo el deporte, a un simple espectáculo plagado de farsas.
Pensemos: la lucha libre es un deporte espectáculo. Deporte porque quien sube a un cuadrilátero por ningún motivo es un improvisado. Un luchador profesional requiere, a decir de los expertos, cuando menos cuatro años de preparación para convertirse en profesional. En todo este tiempo no sólo moldearan un cuerpo atractivo sino que fortalecerán los músculos y huesos (para evitar lesiones con el tiempo) y sobre todo, aprender diferentes técnicas de lucha. ¿Alguna vez has asistido a un entrenamiento de lucha libre? Algo te aseguro: de ninguna manera se compara con uno de fútbol soccer.
Por otro lado, el espectáculo en este deporte se encuentra en el entorno, en los escenarios creados, en las luces y el sonido, en las edecanes, en el mismo público (quien muchas veces es el que pone la nota relevante en las arenas), y sobre todo, en la magia que envuelve cada una de las indumentarias de los gladiadores. Reconozco que en todo esto, la televisión tiene metidas las manos.
Hay una empresa en México denominada Triple A, en la que es evidente que el espectáculo está muy por encima del deporte, lo cual ha ocurrido desde siempre en todas las empresas gringas haciendo que sus luchadores sean masas musculosas y no virtuosos en el arte de gladiar. Como aficionado, evito a toda costa seguir los eventos de Triple A simplemente porque considero que los luchadores de esta empresa se han prestado más al choteo y a la ridiculización, que a enaltecer este deporte, contribuyendo con sus escándalos a la estigmatización de un buen deporte. Sin embargo, no dejo de reconocer el arraigo que ha logrado en la gente y que actualmente gracias a esta empresa la lucha libre sigue figurando en un primer plano en el gusto popular.
A diferencia de la empresa antes mencionada, el Consejo Mundial de Lucha Libre (CMLL), es la otra empresa con mayor éxito en el país, además de ser la de mayor trayectoria. Su estilo un tanto más conservador, ha llevado a que un público más interesado por el deporte pueda llegar a arenas históricas como la Coliseo o la México (catedral de la lucha libre) para disfrutar de buenas funciones, llenas de llaves y lances que provocan que el espectador se involucre con los luchadores.
Sin embargo, cabe mencionar que estas dos empresas, han enaltecido su fama gracias a la televisión, lo cual es indicador de que lo podemos esperar en las funciones de ambas empresas a pesar de que son evidentes las diferencias entre los espectáculos ofrecidos por una y otra.
Personalmente siento una enorme atracción por las arenas pequeñas, aquellas cuyo tamaño permite apreciar las acciones desde cualquier rincón. Y es que las arenas, como la López Mateos o la Naucalpan, la cercanía del público con el cuadrilátero permiten apreciar el trabajo de los gladiadores. Como un ejemplo, el pasado 21 de diciembre (durante la función de aniversario de esta arena) tuve la oportunidad de presenciar una de las mejores luchas que he visto en mi vida cuando, el Negro Navarro y el Villano III midieron calidad aplicando llaves durante casi diez minutos sin que los otros luchadores se metieran. Así, estos dos luchadores se llevaron una caída completa. Lo importante es que no tuvieron la necesidad de usar artimaña alguna para rendir al oponente; no hubo sillazos, ni ninguna acción que requiriera de artefactos extraños. Simplemente aplicar llaves para deleite de un público compuesto por distintas generaciones.
La realidad de la lucha libre no radica en cuanta sangre corra por el rostro de un luchador, ni de sus cortadas en la frente, ni mucho menos de la cantidad de huesos dislocados en cada función, en todo caso, esas son las consecuencias a las que está expuesto un luchador. La realidad de la lucha libre tampoco se reduce al uso de sillas, mesas y otros artefactos. La lucha libre es otra cosa. Consiste en evaluar las desenvolvimiento de los luchadores, en apreciar las llaves, en medir los lances. Uno puede darse el lujo de seguir una rivalidad y por qué no, de exigir a los luchadores y empresarios que se haga una lucha de apuestas. Lo que no debe esperarse cuando uno está comprando un boleto es ver sangre a como dé lugar, ni ver como se pegan con sillas, mesas, tubos y demás objetos. Quien llega a una arena pensando en eso, me parece que tiene una percepción muy errónea de este deporte.
Nunca he llegado a la arena esperando a que los luchadores se maten. Esos tiempos quedaron atrás hace muchos siglos.
He aprendido a apreciar este deporte en las arenas pequeñas, como la Naucalpan, feudo de Adolfo “El Pirata” Moreno. Si te queda alguna duda, te invito a que vengas un jueves por la noche o un domingo en la tarde, después de todo, cualquier espectáculo es mejor si se presencia en el lugar en el que se ofrece, no frente al televisor.
Para hablar, hay que vivirlo.

Datos curiosos para los incrédulos de la lucha libre:

•Sangre India y Oro, murieron durante sus respectivas luchas, en lugares y tiempos diferentes, tras haber sufrido los estragos de la batalla.
•El Texano, murió debido a los daños sufridos por una lucha en jaula, esto en enero de 2006.
•Considerados como dos de los luchadores más lastimados, Perro Aguayo y Villano III, llevan en el rostro severas lesiones provocadas por su profesión.
•Halloween, estuvo a punto de ser retirado de este deporte, debido a un castigo al cuello provocado por Universo 2000.
•Gronda, un fisicoculturista improvisado por Triple A como luchador, sufrió la ruptura de una pierna debido a su nula preparación en este deporte.

Información, obtenida del libro Misterios y Magia de la Lucha Libre y de viejos ejemplares de la revista Super Luchas.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Y hablando de la muerte de Elizabeth Taylor...

...nunca he visto alguna de sus películas. Alguna vez intenté ver Cleopatra y la verdad me quedé dormido. Hay quienes dicen que me he perdido de mucho, otros dicen que he ganado tiempo apagando el televisor. Sin embargo, sus escándalos nunca pasaron por alto en mi memoria a corto plazo; esa vida vertiginosa que hoy provoca que todos hablen de su lamentable fallecimiento, es la que me hace unirme al sentimiento.

domingo, 20 de marzo de 2011

Desmanes de primavera.

En mi niñez el 21 de marzo tenía un solo significado: festival escolar. Tal vez resulte ridículamente tormentoso recordarme disfrazado de pollito, vaca lechera o guayabo, pero la idea de no tener clases durante varios días con el fin de ensayar con rigurosa disciplina mi participación en el festival (normalmente remitida a aplastarme en el suelo caliente mientras un clon de Benito Juárez caminaba con monárquico desdén frente a mis narices) ya era suficiente triunfo. Ah, porque es importante hacerle saber a las nuevas generaciones, que en otros tiempos el 21 de marzo no sólo significaba la llegada de la primavera sino que servía para conmemorar con cívico respeto el nacimiento de don Benito Juárez García, de tal suerte que cuatro semanas antes las maestras hacían un casting con los niños más prietos de la escuela para decidir quién merecía personificar al Benemérito de las Américas, lo que al mismo tiempo representaba una ilusión para algunas mamás que imaginaban que con esta premonitoria elección sus hijos se perfilaban a la silla presidencial. Hoy doy gracias a la vida por nunca haber sido seleccionado.

Los tiempos son distintos así que la dinámica escolar globalifíca dicta que Benito Juárez pasó de moda por lo que los festivales actuales deben celebrar la primavera con la asunción al trono de unos reyes que regularmente parecen salidos de los cuentos de Disney. Así, con las rigurosas cuatro semanas de anticipación (eso no ha cambiado), las maestras realizan un casting con las niñas más bonitas de la escuela y eligen entre una bola de chamacos monones a quienes puedan servirles de pajes; reúnen a las madres de los seleccionados y les endilgan mil boletos cuyo valor es de 1.28 centavos de dólar mismos que tendrán que regresar convertidos en mil monedas de peso; la que lo haga primero tendrá el orgullo de ver a su hija coronada como la reina de la primavera en el festival donde el mejor premio es caminar entre una bola de futuros perdedores disfrazados del rey león, los pingüinos de Madagascar y el pez Nemo.

Todo lo anterior viene a mi memoria mientras la tía Chepis trata de reanimarme con sales minerales y buches de agua helada que salen de su bocota, lo cual resulta divertido para un alud de mirones que me observa con misericordia cristiana.
No es 21 de marzo pero según los noticieros (dueños de toda verdad científica y social de este planeta), hoy entra oficialmente la primavera en un horario que puede variar dependiendo la zona arqueológica en que uno se encuentre. Por una necedad propia de quien se encuentra influido por los consejos de las señoras que conducen programas televisivos matutinos, mi tía Chepis decidió que Teotihuacán era el lugar perfecto para recibir la primavera y al mismo tiempo, cargarnos de energía.
Al son de “pónganse ropa blanca” y “no se les olvide el pan bimbo y el jamón” abandonamos la cama casi de madrugada. El camino a la ciudad donde los dioses se convierten en hombres puede considerarse como normal al sufrir únicamente tres percances propios de quien vive en esta ciudad: 1) a la altura de Ecatepec se nos ponchó una llanta gracias a un bache que -según supimos- las autoridades de ese municipio lo achacan a una lluvia de meteoros; 2) en menos de tres kilómetros nos detuvieron dos agentes de tránsito que no habían desayunado, y 3) en la caseta, tres carriles estaban destinados a quienes ya usan tag de prepago, así que tuvimos que esperar tres cuartos de hora para poder pasar. Un cuatro e inesperado obstáculo sobrevino en la mismísima entrada del estacionamiento de la zona arqueológica ya que nunca previmos que el programa de televisión que ve mi tía es el de mayor rating a nivel nacional, por lo que la entrada pudo definirse como de misión imposible.

- Ya no hay lugar mi joven pero como a tres kilómetros de aquí le cuidamos su coche –dijo un nativo mientras escupía pedacitos de palillo al toldo de mi carro.

Como buen conductor resignado, mientras el resto de la familia hacía fila para ingresar a la zona arqueológica yo dejaba mi coche en un llano cercado por un mecate, el cual que supuse, no sería garantía para salvaguardar la integridad del estéreo y la llanta de refacciones pero tampoco tenía mejor opción. Regresé justo a tiempo para entrar a la zona arqueológica no sin antes recibir una retahíla de improperios por parte de los activistas de las buenas costumbres que insistían en que me formara en la cola. Como mis siete chacras ya estaban en proceso de activación, decidí hacer oídos sordos a sus reclamos y fingirme como maestro de reiki para acelerar el proceso de ingreso. Una vez adentro todo resultó aburridísimo: la gente que se arremolinaba frente a las pirámides igual que en mitin presidencial, los menos dictaban sesudas conferencias sobre la energía del cosmos, otros pretendían aprender a danzar como los profesionales y la gran mayoría se atragantaban de frituras, tortas y bonafinas, en un acto que me hizo entender los motivos por los que nuestra población tiene el primer lugar mundial en obesidad.
Llegó el momento de ascender a la pirámide del sol y para esto un señor con pinta de guardián nos leyó una lista de diez recomendaciones entre las que destacaban no orinar en la cima de la pirámide, no dejar pañales usados en la escalinata e hidratarse antes del ascenso. Justo ahí estuvo mi error pues debí haber considerado ese punto a la hora de atiborrarme de cervezas para mitigar el calor. Afortunadamente, los consejos del maestro de yoga del programa preferido de mi tía, le ayudaron a salvarme la vida, lo que me hace considerar mi retiro de este tipo de ridiculeces para los años venideros lo que contribuirá a disminuir el índice de desmanes propios de quienes por ignorancia consideran útil acudir a las zonas arqueológicas en esta fecha. Tantán.