miércoles, 1 de junio de 2011

Si amas algo, deja de hacerle a la mamada (Palabras Malditas, febrero de 2005)

Dos ositos en la nieve,
no se pueden resbalar;
dos amores que se quieren,
no se pueden olvidar.
(¡¡¡Chaaale!!!)




Ha sido una mañana terrible y la tarde no se vislumbra mejor, desafortunadamente. Decido arrancarme un momento de mis obligaciones profesionales para salir a tomar un poco de aire. En alguno de los cubículos cercanos a donde me encuentro, la radio derrama melcocha con canciones de enamorados y para enamorados. Un Señor Locutor intenta infructuosamente dedicar la siguiente rolita para Putita de Tal; las interrupciones por parte de un Radioescucha Enamorado, son constantes. Al final el Señor Locutor cede la palabra al insistente Radioescucha que, por lo que puede apreciarse, tiene el corazón destrozado a consecuencia del desamor generado por su Putita.
- Señor Locutor: ¿Y por qué no le dedicas tú directamente, la canción? ¿Crees que ella te esté escuchando?
- Radioescucha Enamorado: Sí, yo creo que sí. Ella siempre oye tu programa, por eso te llamo, porque…

Luego de soltar su terrible tragedia a través de las ondas hertzianas, aquel ingenuo, aprovecha su estado de inconciencia y enuncia su dedicatoria ante la risa de quienes lo escuchamos. ¿Qué sucede? ¿En qué estado tiene que encontrarse una persona para hacer semejante idiotez? De ante mano se sabe que el mes de febrero comienza siempre con la parafernalia del amor y la amistad y que por tanto, un desamor en estas fechas suele resultar letal para un enamorado, pero ¿es necesario hacer semejante ridículo en la radio para transmitirle a la gente lo que es estar locamente enamorado? ¿Qué le hace pensar a ese nuevo Romeo que febrero servirá para que el amor regrese a él? Me quedo pensando en la tragicomedia de ese lover anónimo y sigo mi camino, finalmente en nada me afecta que la mentada Putita de Tal, le haya desmadrado el corazón.
Cuando reacciono me encuentro deambulando por el jardín del pecado, sí, en la mismísima FES Acatlán. Me detengo sobre un montículo de tierra y sobre él distiendo el trasero, disponiéndome a liar un cigarrillo con hojitas de eucalipto que servirá solamente para dar frescura a mis labios. A mis espaldas dos descoloridos darketos, se aman desenfrenadamente; ella montada a horcajadas en su hombre, se deja morder el cuello con lúdica desesperación. Mi presencia les es indiferente. El bien formado trasero de la chica me llama la atención. Sus nalgas son las de una nínfula, lo que hace más atractivo el panorama. De su aterciopelado pantalón se asoma un horrendo calzón anaranjado que no va con su sombría personalidad.
Segundos después las caricias en aquella pareja, suben de tono por lo que decido emprender la marcha. Los crujidos de la hojarasca los sacan de concentración y detienen sus besos para mirarme un tanto molestos por aquel entrometimiento. Pasos adelante me encuentro a otra pareja en el agasajo total, volteo a la derecha y veo a otra pareja; volteo a la izquierda y hay dos o tres parejas en la misma condición. Tengo que recordarme que me encuentro parado a mitad del atinadamente bautizado jardín del pecado. Me llama la atención una mujer solitaria que recostada boca abajo, tal vez espera la llegada de su amante. Al acercarme más, la mujer voltea. Es Dalia, una vieja amiga. Tiene los párpados hinchados de tanto llorar. En la mano, un pañuelo mojado y lleno de saladas lágrimas y mocos, ofrece su último servicio antes de ser arrojado a la inmensidad del pastito.
- Dalia: ¿Qué onda, qué andas haciendo por acá?
- Solitario Apendejado: De morboso, nomás.
- Dalia: ¿No has visto al Eduardo por allá?
- Solitario Apendejado: Sí… ah, no, no, no; no es cierto, creo que no era él.
- Dalia: Es que el muy hijo de puta me hizo una mamada. Fíjate que…
Es tarde para escapar, he caído en el gancho. Dalia se incorpora y comienza a narrarme su nueva epopeya trágica. Pacientemente, mantengo la boca cerrada por más de ocho minutos, tiempo en el cual, mi amiga -entre torrentes de lágrimas y verdaderos ríos de secreciones verde-amarillentas-, lanza maldiciones, frases inconexas y agüeros para un futuro incierto, todo aquello relacionado con el abandono repentino del amor de su vida. Para rematar, mi amiga termina diciendo: lo peor de todo es que apenas me había prometido pasar conmigo el 14 de febrero; iríamos a un motel.
Por salud mental emprendo la graciosa huída, pretextando la incorporación inmediata a mis labores. Me pide un consejo, de lo contrario amenaza con aparecer muerta a la mañana siguiente.
- Solitario Desesperado: la horca no es lo mejor; la marca en el cogote es difícil de maquillar. Por otro lado, las pistolas no van contigo. Te sugiero que tomes pastillas. Espero te decidas pronto, el tiempo se va volando.

En mi huída me encuentro con la sombría pareja griseta. Ella intenta escapar pero su hombre la mantiene apresada por las muñecas. Su rictus de dolor me hiere. Cuando nuestras miradas se encuentran, la grisetita de calzones anaranjados –seguramente decorados con la horrenda carilla de Winnie the Pooh, a la altura de su pubis- me pide ayuda en silencio. Dos enormes lagrimones resbalan pesadamente por sus mejillas. Ni madres -me digo-, el que mete paz, saca más.
El morbo me gana y de inmediato corro al cubículo más cercano y detrás de la persiana continúo observando la escena. Los madrazos salen a relucir en una batalla desigual. Él intenta besarla pero ella voltea la cara; la chica prueba patearle los huevos, rozárselos siquiera con la rodilla para minar la fuerza de su antagonista, aunque él se salva blandiendo la pelvis hacia atrás.
Por fin, el griseto de las medias, estilo “Nany nos cuida”, encuentra los labios por los que pelea. La dueña de dichas carnosidades, al parecer se deja besar pero de inmediato, el griseto le suelta las muñecas y se pone las manos en la boca. ¡Ella lo ha mordido y sin esperar, se ha echado a correr!
En la radio, el Señor Locutor sigue dedicando rolas para enamorados. En el escritorio de enfrente, las piernas de Ana Lilia me regresan a la realidad.
- Piernuda Implacable: ¿Qué miras, güey? ¿A quién se están parchando ahora?
- Fisgón: No, a nadie. Hay madrazos.
- Piernuda Implacable: ‘mames, a ver…
- Fisgón: La morra que está allá, con el pinche griseto mamón que se está agarrando el hocico.
- Piernuda Implacable: ¡ash! Esos güeyes otra vez. ¡Pinches darketos descoloridos, se dan en la madre diario! Déjalos, mañana van a estar fajando otra vez.

No sé que necesidad tiene la gente de hacer de sus romances, verdaderos dramas aptos para nuevas adaptaciones de Mi Veldá. A todos nos zurra y sin embargo, voluntaria e involuntariamente nos vemos envueltos en ese tipo de escandalillos de corto alcance. Y es cierto cuando afirmo que nadie se escapa, ni el más hijo de surepipínchamaco, puede decir que no la ha defecado en público cuando de amor o desamor se trata.
El que esto escribe, definitivamente se guardará para el futuro –si es que mis lectores lo piden- aquellas épicas escenas en las que se vio involucrado cuando sufría del desencanto del amor, sin embargo, aquello puede bien servir para hacer una reconstrucción de frases que, de acuerdo con diversos especialistas y varias partícipes recientes de sucesos como los anteriormente narrados, hemos denominado como el síndrome Si Amas Algo, Deja de Hacerle a la Mamada.
Primeramente hay decir que los humanos gozamos de una extraña condición de dependencia cuando se tiene una pareja. Dicha condición permite ejercer cierta omnipresencia en la vida de la persona que dice encontrase sentimentalmente vinculada con nosotros, lo cual, en cierta medida, desarrolla un poder que puede ejercerse en determinadas circunstancias a favor de quien sepa aprovecharlo, generando a su vez un mayor cúmulo de dependencia en la otra persona.
Dicho de otra forma: quien se enamore primero, podrá sentir en carne propia un estado de vacío interior que encontrará alivio sí, y sólo si, la persona que ha ejercido el poder regresa al lado de quien se encontraba sometido para hacerle creer que se encuentra totalmente arrepentido.
Ante esto, es penoso decir que el fenómeno puede observarse por doquier en tanto existan enamorados. Lo anterior prevé que esta situación no podrá ser erradicada mientras existan entes capaces de entregarse totalmente de manera inexplicable a otro ser que ni de su familia es.
Lo anómalo de esta situación se presenta cuando el ser dominante decide deshacer el vínculo romántico para surcar nuevos horizontes. ¿Qué ocurre entonces? Los expertos en el tema y pacientes que han presentado indicios de este síndrome, opinan al respecto.
- Experto 1: Una pareja que es abandonada por su cónyuge de manera abrupta, sufre de un estado de desamor que le priva de su autosuficiencia, cayendo en un estado de catalepsia que de manera voluntaria, se niega a abandonar.
- Conocedora: Sin embargo, en estos casos es mejor dejar que se vayan a la chingada. Si así lo decidieron es porque encontraron algo que verdaderamente valía la pena.
- Piernuda Implacable: ‘mamen, ya se me rompió la pinche media –al escuchar esta oportuna intervención, los varones volteamos a corroborar el hecho, encontrándonos con un trozo de licra destrozado y una pierna blanca, aterciopelada, muy bien torneada.
- Conocedora: Las viejas somos bien pendejas porque si nos mandan a la burguer, andamos de pinches arrastradas, pero los güeyes son más, todavía. Si por alguna razón los botan a la chingada, arman un drama cabrón y comienzan a chingar en todas las formas conocidas.
- Experto 2: Cuando te botan, no hay más: caile. Ya lo dicen por ahí –adoptando pose de filósofo griego-, si amas algo…
- Conocedora: …déjalo libre
- Experto 1: si regresa es tuyo, sino, nunca lo fue. Muy cierto.
- Piernuda Implacable: ¡ay, no mamen!
- Metiche Esperanzado: La verdad es que eso ya esta bien pasado de moda. Ahora, con la liberación de las mujeres lo mejor es decir que, si amas a alguien, déjalo ir; si no vuelve, ponte cómodo y sigue esperando, que algún día volverá.
- Piernuda Implacable (en transición): ‘mames, Fisgoncito; como que este brasier me aprieta. Mira se me salen las chichis.
- Fisgón: Quítatelo.
- Experto 1: Es todo un lío cuando te encuentras en esa situación. Desde una perspectiva particular, me parece que es difícil hablar de esto, a pesar de saber, que todos alguna vez nos hemos encontrado en las mismas circunstancias.
- Conocedora: La gente no puede vivir esperanzada a que una persona regrese si no quiere. A nadie se le puede tener a la fuerza, aunque a veces es bueno jugar con él, si se deja. Por ejemplo, si amas a alguien, déjalo libre; si regresa y lo amas, déjalo ir otra vez y así sucesivamente.
- Metiche Aludido: ¿Y si no vuelve?
- Experto 2: …si amas algo déjalo libre y si no regresa, búscalo y métele unos pinches balazos, digo, de menos ¿no?
- Conocedora Moderada: ¡Qué violento! Pues yo digo que, si amas algo, déjalo libre; si regresa es tuyo, sino, asesórate con un buen abogado y demándalo por hacerte perder el tiempo; embarázate de inmediato y sácale pensión de por vida, al ojete.
- Tetona Implacable: ¡Ya no mamen, vamos a chingarle para irnos temprano!
- Experto 1: Desafortunadamente, cada caso es diferente por eso todo lo que digamos resulta verdaderamente subjetivo. Estoy de acuerdo contigo –mirando al tremendo par de tetas que se asoma coquetamente a unos centímetros de él-, creo que mejor nos ponemos a trabajar.
- Experto 2: ¡Oh, pérate!... yo conozco a un güey al que le ha sucedido varias veces lo mismo por lo que sus probabilidades de que bote a alguien y regrese se reducen drásticamente cada que inicia una nueva relación. Es un verdadero cabrón pero por eso sigue sólo como un perro.
- Conocedora Moderada: Si amas a alguien, déjalo ir y ya; si regresa es porque no tiene madre que lo aguante, al hijo de perra.
- Fisgón y Tetona Implacable: Qué radical…
- Experto 1: El problema del amor es su condición de aletargamiento; vivir en ese romántico sueño, es bien duro. Tal vez para conciliar las posiciones de algunos de ustedes pueda afirmarse que amar a alguien y dejarlo ir, es una pesadilla pero si el individuo en cuestión llegase a regresar, resultaría un verdadero sueño hecho realidad.
- Conocedora: Simplemente si amas a alguien, déjalo libre; si no regresa búscate otro, por otro lado.
(La sesión discurrió por más de media hora sin que los expertos pudieran llegar a un acuerdo terminante. Para cado caso, surgían un sin fin de posibilidades que se elevaban a la “n” potencia y si por alguna razón se intentaba dar fin al tema, todos castigaban al atrevido con miradas de odio que lo hacían regresar a la discusión. Tal vez las alusiones comenzaban a pegar fuerte en el inconsciente colectivo y por tanto la masa, comenzaba a adoptar una actitud agreste ante las diversas situaciones colocadas sobre la mesa. Afortunadamente, de quien menos se puede esperar es quien sale a salvar toda la situación)
- Experto 1: Estamos debatiendo por algo sin sentido.
- Metiche Aludido: Para ti, cerebrito, tal vez no tenga ningún sentido porque no tienes ni perro que te ladre.
- Conocedora Moderada: Estoy de acuerdo. Cierra el pico si ya no quieres aportar.
- Experto 2: Yo creo que todos debemos otorgarnos la posibilidad de enamorarnos y amar.
- Conocedora: ¿Para que te salgan con la misma chingadera siempre? Tú lo dices porque eres hombre y para ustedes es bien fácil mandar a la burguer a las mujeres pero ¿piensan en nosotras cuando están fornicando con una güila?
- Metiche Esperanzado: bueno, al momento no…
- Casi Todos: ¡Ahí está!
- Fisgón: No vamos a llegar a ninguna parte y vean, los grisetos ya están parchando de nuevo. En lo que nosotros nos dábamos en la madre por su causa, ellos arreglaron su desmadre.
- Experto 1: Era a lo que me refería…
- Conocedora: ¿Qué hiciste? –dirigiéndose a la griseta de los calzones anaranjados-... no les digo, las viejas somos bien pendejas.
- Experto 2: Hijo de perra –dirigiéndose al griseto.
- Metiche Esperanzado: A lo mejor ella lo ama
- Conocedora Moderada: ¡Pinche chamaca idiota!
- Tetona Implacable: ‘mamen, ya van a dar las nalgas, digo, ya van a dar las dos de la tarde. ¿Qué, le paramos a la chamba? Seguimos mañana ¿no? Fisgóncito ¿me invitas a comer?
- Fisgón: Sí, si quieres…
- Tetona Implacable: Y luego vamos al cine ¿si?
- Fisgón: Si, si quieres.
- Tetona implacable (mientras guarda sus cosas y se da una manita de gato): Si aman algo ¿para que lo dejan libre? Si cae, es suyo… no lo dejen ir.

*Texto escrito minutos antes del cierre de la edición de febrero, de Palabras Malditas Punto Net y por el cual, el autor se hizo acreedor a una tarde en casa de la Tetona Implacable, quien so pretexto de transcribir estas notas a una PC, fue convencida increíblemente de saltarse las formalidades de la comida y el cortejo en el cine. La tetona Implacable se dejó llevar sin ningún problema a su propia cama.
*Cinco horas después, esta (dis)pareja tendría su primera discusión.
*Dos días después, la Tetona Implacable mandaría al autor a la fregada.
*El 14 de febrero no figura en el calendario del autor, por lo tanto dedicó su tiempo a degustar visualmente las películas porno compradas en el Feria del Sexo 2005.
*El 15 de febrero la Tetona Implacable buscará desesperadamente lograr una mermelada o una serenata de la “Z”. Sus intentos no fructifican. Hace sus cuentas en el calendario; lleva dos días de retraso.
*El 28 de febrero el autor terminará el texto titulado: Ahora Ponte Así, donde detallará aspectos de su vida sexual. Dos días después telefoneará a sus ex-amantes para hacerles saber que sus nombres aparecen en el texto.
*El 3 de marzo, antes de asistir a la fiesta de cumpleaños número seis de su primogénita, el autor enviará el texto a su editor, Máquina Maldita.
* En el mes de septiembre la Tetona Implacable, dará a luz a un hermoso niño. Pensará muy bien el nombre que va a ponerle. Si hacen bien sus cuentas, el nuevo ser no fue engendrado por el autor de este texto.

2 comentarios:

  1. A mi me llamo el Panda Zambrano cuando mi ex-ex me puso el cuerno pa pedirme perdón, y tambien pi puta madre cuando me fugue de la casa a mis 15 años jaja.. tqm me gusto harrto

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